Las microfinanzas, concebidas para atender a los sectores más desfavorecidos de la población, comprenden una amplia gama de servicios financieros como los microcréditos, el pequeño ahorro, los microseguros, las transferencias de fondos, así como los servicios de pago.
Las microfinanzas están destinadas a aquellos sectores de la población considerados no solventes por el sistema bancario tradicional por la única razón de carecer de suficiente capacidad de ahorro. La gestión de préstamos pequeños implica demasiados costes para que los banqueros consideren suficientemente atractiva a dicha población. Por esta razón, la alternativa para los servicios financieros son los prestamistas u otras fuentes informales que conceden préstamos con tasas exorbitantes.
En general, las tasas de interés de las instituciones microfinancieras (IMF) varían entre 24% y 40% debido a los elevados costes de gestión de una cartera con numerosos pequeños préstamos. En algunos casos, lo anterior también sirve para demostrar el nivel de monopolio de las IMF. A medida que el mercado se desarrolle y atraiga nuevos actores, es posible que las tasas bajen de manera significativa por razones de competitividad.